Oseas 4-6

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En el capítulo 4, Dios expone públicamente el papel que tomaron en el extravío del pueblo de Israel tanto sacerdotes como padres de familia. Los sacerdotes se habían beneficiado del pecado del pueblo de Israel, habían rechazado la sabiduría de Dios y no habían refrenado el extravío del pueblo. Asimismo, los padres de familia cayeron en el mismo extravío que sus mujeres, distrayendo la responsabilidad que tenían en sus hogares. Este texto trae a nuestra memoria las palabras de Jesús cuando advertía sobre el adormecimiento de los padres de familia al dejar minar sus hogares (ver: Mt. 24:43; Lc. 12:39).

En el capítulo 5 y 6, vemos el gran sentimiento que Dios expresa por la traición del pueblo de Israel. La arrogancia y las malas obras de los habitantes de Israel y Judá eran un freno para que se pudieran acercar a Dios. El pueblo le buscaba solamente para ganarse Su favor pero con un corazón entregado a la idolatría y Dios necesitaba un arrepentimiento sincero para poder aceptar sus ruegos.

Llaman mucho la atención las palabras de Oseas 6:4 cuando califica el amor del pueblo de Judá y Efraín de “nube matutina” o de “rocío de la madrugada”, que fácilmente se evapora y se desvanece. El que se desvanezca tan rápido el amor por Dios, me recuerda a lo rápido que puede desvanecerse la Palabra de Dios de nuestros corazones si somos una tierra llena de pedregales (ver Mc. 4:16-17).

En estos tres capítulos, Dios reclama de su pueblo responsabilidad y un corazón sincero, un amor férreo y profundo que no se rinda a los deseos de la carne. ¡Cuántas veces hemos descuidado nuestra área espiritual y hemos dejado entrar pequeñas zorras que han echado a perder nuestra viña! (ver Cant. 2:15)

Este es el momento de volvernos a Dios de todo corazón, tomando una decisión firme, sin condiciones, y viviendo una entrega total de nuestra vida a Dios. Si no te entregas a Dios totalmente serás como esa nube matutina, intermitente y fugaz; te desvanecerás por haberte perdido en los deseos de la carne. ¿Estás dispuesto a invertir tu vida en las cosas terrenales o en las cosas que para vida eterna permanecen?

Oración: Padre celestial, reconozco que he descuidado mis responsabilidades espirituales y he puesto muchas cosas delante de ti. A partir de hoy quiero invertir mi vida completamente en devoción a ti. Mi vida y todo lo que tengo es tuyo. Te entrego mi familia, mi tiempo, mis posesiones, mis preocupaciones, mis anhelos, todo. Ayúdame a vivir una vida en completa rendición y adoración, y a no perderme en esas pequeñas cosas que quieren extraviarme. Obra en mi vida y guíame por el camino correcto. En el nombre de tu hijo Jesús, Amén.